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viernes, 16 de mayo de 2014

Informe sobre el testamento de María Pretel, fundadora de Pedro Martínez, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN


María Pretel hace testamento en 1567, fecha en que presumiblemente falleció.  Testó en Guadix, ante el escribano Gaspar Castillo, por entonces vivía en Guadix en el barrio de Santiago. 
  • Ordena por el testamento que si muere en el Cortijo de Pedro Martínez, sea enterrada en la Iglesia que fundaron ella y su yerno Juan Rodríguez Cubero y si muere en Guadix, sea sepultado su cuerpo en el monasterio de San Francisco, en la misma sepultura donde están enterrados sus padres, que acompañen su cuerpo el cura y sacristán de la Iglesia de Santiago, de donde es parroquiana y los hermanos de la Cofradía del Santísimo Sacramento, de la que es cofrade. 
  • Así mismo deja dotación para que se digan misas por su alma en las iglesias de Santiago, en Pedro Martínez, en la Iglesia de Santa Ana, en el Monasterio de Santo Domingo, etc. Que cuando muera, comparezcan doce parroquianos pobres de Santiago (tres hombres y tres muchachas huérfanas, tres mujeres viudas, tres hombres pobres) se vistan de camisas y calzones y medias, calzas, sayos, capas y caperuzas de burel, cofias, así mismo en su cortijo. 
  • También manda dar su soldada (sueldo) a dos huérfanas: Juana y Ana, que tiene a su servicio, además de eso que a Juana le den diez mil maravedís para su casamiento. 
  • Así mismo que su yerno Pablo de Jerez pague a Ana, que fue su sirvienta y ahora del dicho yerno, además de su soldada, otros diez mil maravedís. 
  • Que se digan veinte misas rezadas en la Iglesia de su cortijo, por el ánima de sus padres y de su marido. 
  • Declara que su yerno Juan Rodríguez Cubero, ha sido su fiador en algunas ocasiones, que se pague todo lo que se deba y que luego se reparta entre sus herederos. También declara que tiene dotada a la Cofradía de la limpia Concepción de nuestra señora que está en el monasterio de San Francisco  que paga tres mil maravedís. 
  • También tiene otra en el (…) de la Encarnación de Nuestro señor Jesucristo que se paga de limosna cada año cuatro reales y medio, que cuando ella fallezca se den de sus bienes a censo veinte ducados para candelas e incienso. 
  • Que luego que ella fallezca se compre una casulla de terciopelo del color que le pareciere a sus albaceas, con la caneffa de oro, para su cortijo de Pedro Martínez. 
  • Que así mismo se compre un cáliz de plata que cueste hasta nueve mil maravedís. 
  • Que cuando muera, se tomen cien fanegas de trigo y se pongan en su cortijo a modo de pósito para que se repartan en cuatro veces al año entre los labradores más pobres si los hubiere, y si no los hubiere se den a los parroquianos de la Iglesia, prefiriendo a los familiares a los extraños, los cercanos a los lejanos, y los naturales a los extranjeros. 
  • Deja por patrono para la administración del pósito a su yerno Juan Rodríguez Cubero. Además, que los ornamentos que ella o sus descendientes dieran a la Iglesia de Pedro Martínez, no se llevan fuera de ella ni se utilicen para decir misa en otro lugar. 
  • Que cuando ella muera, sus herederos, para repartir y recibir las tierras de su cortijo, pidan a las personas a las que ella se las tiene arrendadas, que cumplido el tiempo de su arrendamiento, que les pague lo que hubieren…, 
  • Que se paguen a Hernando de torres nueve ducados.
  • A su yerno Andrés Gómez, marido de Catalina Martínez, su hija, le dio como dote de casamiento  doscientos ducados: ciento veinte cuando se casaron y los otros ochenta se los da después, durante el matrimonio.
  • Así mismo tiene dado en dote de casamiento a Pablo de Jerez, su yerno, casado con su hija Ana Martínez doscientos ducados: ciento setenta al casarse y después otros treinta de los que otorga carta de dote.
  • También declara que dio en dote a Juan Rodríguez Cuvero, su yerno, casado con su hija María Pretel otros doscientos ducados en el tiempo en que se casó.
  • Declara que tiene dos hijas y una nieta monjas: Leonor Pretel, viuda de Luis Chamorro; su hija y su nieta Francisca Pretel, hija de Isabel Martínez; su hija, que están monjas en el Monasterio de Santa Clara de la ciudad de Úbeda. Y María Pretel, su hija, en el Monasterio de San Nicasio de Úbeda. A todas tiene dada dote y ajuar que aparece en un libro encuadernado entre las partidas y hojas que están firmadas al final del escribano Juan de Buendía, que es uno de los testigos instrumentales del testamento.
  • Que dio a Isabel Martínez, mujer de Lázaro de Siles, al quien su marido le mandó en arras que lo dejaron al tiempo de su muerte.
  • Declara también que cuando se casó con Pedro Martínez, su marido, llevó en dote veinte mil maravedís y él llevó en arras diez mil maravedís, además trajo de capital en bueyes, ganado y vestido ochenta o noventa ducados.
  • Que su Marido Pedro Martínez hacía veinte y dos años que había fallecido (teniendo en cuenta que en la fecha en que testó era 1567, debió morir en 1545) y que en el tiempo en que murió valía su hacienda mil quinientos ducados aproximadamente. Para entonces ya habían casado a alguna de sus hijas, a Leonor, mujer de Chamorro y al quedar viuda ingresó en el convento. Despúes de muerto Pedro Martínez se casaron las demás hijas. Que tras su muerte su hacienda se había multiplicado. Que después que falleció su marido murió una hija doncella llamada Juana García y le dejó su herencia a ella.
  • Deja a sus tres hijas casadas y a sus hijas y nieta monjas todos sus bienes y a los descendientes de su familia.

Pedro Martínez                       &                      María Pretel

Hijas:
Leonor Pretel, casada con Luis Chamorro.
Juana (doncella falleció).
María Pretel, casada con Juan Rodríguez Cubero.
Catalina Martínez, casada con Andrés Gómez.
Ana Martínez, Casada con Pablo de Jerez.
Ysabel Martínez madre de Francisca Pretel (nieta)
María Pretel (hija monja)


sábado, 1 de febrero de 2014

Los Ramírez de Arellano, antiguos moradores del palacio que alberga la actual Escuela de Artes de Guadix, de Carmen Hernández Montalbán.


Por las venas de nuestra ciudad discurre mucha historia. En los paseos solitarios de las tardes de invierno, por los angostos callejones de San Miguel y Santa Ana, repletos de caserones desvencijados, algunas veces me entretengo pensando cómo sería Guadix unos siglos atrás, cuando todavía nuestra Catedral estuviera en construcción, y la Calle de San Miguel fuera aun una rambla paralela a la muralla, por donde pasaba un arroyo caudaloso, terciado de puentes que comunicaran con los arrabales…, cruzo imaginariamente por uno de ellos que da a la Puerta de Granada hasta la actual calle Benavides, escucho el tránsito de carros, caballos y bueyes de labranza hasta llegar a la Sinagoga (actual oficina del INEM). Avanzo unos pasos más y me detengo frente al Palacio de Los Ramírez de Arellano, que hace esquina con la Calle de la Concepción, por donde ha pasado un carruaje “ese es, ya ha llegado…” murmura el populacho, “Felipe Sega, el Nuncio de su Santidad Gregrorio XIII”.
En 1575, toma posesión del cargo de Obispo de Guadix, propuesto por el rey, Fray Julián Ramírez Díaz, que nació en Villaescusa de Haro, una localidad del suroeste de la provincia de Cuenca, popularmente conocida como la villa de los obispos, ya que ha sido la cuna de unos cuantos, por tanto sucedió a Don Francisco Lillo, que fue electo pero que no llegó a tomar posesión en opinión de Don Pedro Suárez, en su Historia del Obispado de Guadix y Baza. Don Melchor Álvarez de Vozmediano y Orozco, fundador del Convento de la Concepción de Guadix y asistente al Concilio de Trento fue su antecesor. Don Julián era Prior del Convento de Uclés perteneciente a la Orden de Santiago.

   
Todo apunta a que la Familia Ramírez Arellano, habitó el edificio que hoy es la Escuela de Arte de Guadix, pues aun se conserva el escudo de la familia. Este edificio fue posteriormente Seminario. Existe abundante documentación sobre la familia en el Archivo Histórico Diocesano. En el pleito entre Juan Pulido y Salvador Muñoz Obregón, por la posesión de la capellanía que fundó un descendiente del Obispo, también llamado Julián Ramírez dice:
“El Sr. Dn. Julián Ramírez de Arellano, obispo que fue de esta ciudad, trajo a García Ramírez de Fuenleal, natural de Villanueva de Alcaudete, su primo, y a Dª Francisca Ramírez de Arellano, su sobrina, los cuales casados y velados y haciendo vida maridable vinieron a esta dicha ciudad, el dicho Sr. Obispo creó un vínculo para satisfacerles el servicio que le habían hecho, como consta de la fundación de dicho vínculo= y los dichos García Ramírez de Fuenleal y Dª Francisca Ramírez de Arellano, constante el dicho matrimonio, tuvieron y procrearon por sus hijos legítimos y naturales al dicho Dn. Julián Ramírez, fundador de la dicha capellanía y a Dª Isabel Ramírez, que murió monja en el convento del Sr. Santiago de esta dicha ciudad= Y el dicho Dn. Julián Ramírez, fundador, por comunicación que tuvo con Dª Catalina Narváez tuvo en ella por hija natural reconocida a Dª María Ramírez= la cual dicha Dª María Ramírez, hija natural reconocida, casó con Andrés Asensio, y de este matrimonio tuvieron por sus hijos naturales a Dª María Ramírez, poseedora del dicho vínculo, y a el Padre Dn. Diego Ramírez, Religioso profeso de la Orden de San Agustín= y todos los susodichos igual y cualquiera de ellos no ha tenido ni tienen en este Obispado parientes algunos y consiguientemente la parte contraria no es deudo de los susodichos ni del dicho fundador= “. 
(Ortografía actualizada)

   En el documento también deja constancia de los bienes sobre los que se instituyó la citada Capellanía, entre ellas:  Un molino de pan moler en el término y jurisdicción de Exfiliana, unas viñas en el término de Guadix, en el pago de la Marcoba, que rentaban por entonces (1667) más de sesenta y cinco ducados., bienes que aparecen en el testamento de Don Julian Ramírez, descendiente colateral del Obispo del mismo nombre.

   Otro dato curioso que aparece en dicho testamento es el lugar donde la familia fue enterrada:  “Mando que cuando la voluntad de Dios Ntro. Señor fuere la de me llevar de esta presente vida, mi cuerpo sea enterrado en la Santa Iglesia Mayor de esta ciudad, en la sepultura que allí tengo junto a la reja del Coro donde están enterrados los señores García Ramírez y Doña Francisca Ramírez, su mujer y mis padres y acompañen mi cuerpo los señores Deán y Cabildo de esta Santa Iglesia y seis frailes de los conventos de Santo Domingo y Sr. San Francisco…”. Aunque más tarde expresa su voluntad de comprar la Capilla y entierro donde está el Señor San Fandila y que trasladen los restos de sus padres y los suyos allí y continúa “Y mando que se ponga una piedra blanca en la puerta de la bóveda de la dicha capilla, y la piedra sea la que está puesta en la sepultura de los dichos mis padres”. Ignoro si la Capilla de San Fandila estuvo entonces en el mismo lugar que en la actualidad.

   Este Don Julian Ramírez también tuvo una deferencia con su antepasado el Obispo del mismo nombre que fue primo de su padre: “Y de decir por la ánima del Señor Obispo Don Julian Ramírez, mi señor, predicador que fue de su Majestad, Don Felipe Segundo nuestro señor, y de la Orden del Señor Santiago…”


A decir verdad, poco a poco y sin proponérmelo, me fui interesando por esta familia de origen noble que vino a Guadix desde Castilla La Mancha, y que fue originaria de ese pueblecito de Cuenca: Villaescusa de Aro, en el que aún permanece en pie el Palacio de los Ramírez, hoy Ayuntamiento de este municipio. Pero sin lugar a dudas, lo que me más me ha conmocionado, es el escándalo en el que el Obispo Don Julián Ramírez se vio envuelto y que tuvo como escenario nuestra ciudad, en 1580. Al principio algunos investigadores que acuden al Archivo diocesano me habían referido algo, pero yo quise ahondar más, para ver qué había de cierto en esta historia de tintes novelescos que tanto atrajo mi atención. He tenido suerte en mi búsqueda documental, he encontrado un libro digitalizado del sacerdote y Doctor en historia de la Iglesia, Don Ángel Fernández Collado, titulado “Gregorio XIII y Felipe II en la nunciatura de Felipe Sega (1577-1581)”. En uno de sus capítulos nos habla del Caso del Obispo accitano Don Julián Ramírez.

   El día 1 de febrero de 1580, el Nuncio Felipe Sega envía a Roma el primer informe sobre el problema del Obispo de Guadix, donde se inicia una querella acusándole de diferentes actos graves, concretamente de haber mantenido trato carnal con la abadesa del Convento de la Concepción, Doña María de la Cueva. El nuncio se compromete a hablar con las personas que habían iniciado la querella para averiguar las razones de la acusación. El 30 de noviembre envía el primer informe del Proceso, con las culpas averiguadas y probadas contra el Obispo Don Julián Ramírez, en el Monasterio de Ntra. Sra. De la Concepción en Guadix. En el que se le acusa de quebrantar la clausura del monasterio, “entrando a horas intempestivas y permaneciendo en él durante varias horas con el único objeto de holgarse y fornicar con la abadesa María de la Cueva”. Además solía entrar acompañado de Diego López Ramírez, arcipreste de Guadix, Juan de Mesa, Miguel Martínez, cura de Beas, Marchena, confresor de las Monjas, Pedro Olite Monegro, su Capellán y García Ramírez, sobrino del Obispo. El Obispo había destituido cuatro años atrás del cargo de abadesa a María de la Paz, fundadora del monasterio, y había presionado para que nombraran a María de La Cueva como nueva abadesa a pesar de no tener la edad ni cumplir con los requisitos que dictaba la Regla. Fruto de estas relaciones, la abadesa había dado a luz un niño y una niña, que había entregado al cura de Beas. Algunas monjas decidieron poner en conocimiento de S.M. lo que estaba ocurriendo en el Monasterio por medio del Antiguo Obispo, Melchor Álvarez de Vozmediano, de su sobrino, el prior Solorzano y de su regidor Payo de Rivera.
En la siguiente carta que Felipe Sega envía al Papa, le informa de que habían tomado declaración a las monjas encubridoras y que finalmente estas habían confirmado todo punto por punto. Conociendo la Abadesa, lo dicho por sus amigas confesó y confirmó todo llorando amargamente y pidiendo misericordia.

   No se hizo mucho esperar la respuesta de Roma que decía “Los delitos del Obispo de Guadix, son tan graves y tan horribles, que se apartan totalmente del camino de la clemencia…”. El Obispo fue destituido por Bula de su Santidad y regresó al Monasterio de Uclés, donde finalmente acabó sus últimos días.

   Han sido muchos los prelados ilustres que han engrandecido y honrado la Diócesis de Guadix, pero como siempre suele ocurrir; no hay regla sin excepción.